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Entra y siéntete en casa...

domingo, 20 de agosto de 2017

Jones


El Sr. Jones entra en la oficina puntualmente como cada mañana.  Hoy lleva esa camisa de cuadros con tonalidades verdes.  Un pantalón gris clarito,  su maletín y su bolsa de viaje con la comida.

El Sr. Jones da los buenos y sonríe amablemente. Tiene un brillo en los ojos lleno de vida. Le doy los  buenos días con mi mejor sonrisa pero no sé si se dio cuenta. Sigo con  mis papeles y atendiendo el teléfono que  en estas fechas del verano siempre está perezoso.

El Sr. Jones llega a su mesa y deja su maletín y su bolsa de viaje en el mismo lugar de cada mañana. Se sienta, enciende el PC y mira su teléfono móvil. Sonríe. Escribe.  Vuelve a sonreír, esta vez mas  ampliamente. Vuelve a escribir y con esa misma sonrisa con la que llegó deja a un lado el móvil y mira el PC. 

Me pregunto que lee, qué o quien le hace sonreír de esa forma tan bonita.  Mis ojos se desvían  a cada rato, el Sr. Jones me parece tan sexy... le miro, muerdo el lápiz mientras trato de descifrar que guarda en esa mirada justo antes de sonreír. Busco una escusa para acercarme todas las mañanas a su mesa, siempre hay alguna pregunta  o alguna firma que pedir.  El Sr. Jones siempre me atiende con simpatía.  Se  levanta para explicarme,  señala con su dedo todos los puntos importantes del documento que le he llevado.  De pronto pienso que desearía que ese dedo, que ese dedo con todos los demás me acariciara un instante.  El Sr. Jones me pregunta si lo entendí.   No escuché casi nada, cuando estoy así cerquita de él casi no puedo pensar con claridad.  El Sr. Jones huele tan bien, se expresa tan bien,  ¡mmm!.  Vuelvo a mi mesa. Con mis documentos, mi PC y mi lápiz mordido por los deseos de me despierta el Sr. Jones.






jueves, 17 de agosto de 2017

Hay días




Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.

Justo hoy la mañana parece más silenciosa que de costumbre, Placebo suena en la radio y la envuelve en sus melodías llenas de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella mira el reloj y entretiene las horas con esto y lo otro.  Ensimismada en algunos momentos pasa los dedos por su boca, descubre las ganas que tiene de verle llegar.  Se sienta en la mesa de la entrada, con ese vestido. Mira la puerta, sabe que aún tardará en llegar pero mira la puerta como la gata que espera a  su amo. Lo piensa llegando, abriendo la puerta, descubriéndola allí sonriendo.  Cerrará la puerta y le preguntará que hace allí y ella le dirá que esperándole. Él se acercará a ella y le dirá alguna de esas cosas suyas, le abrazará y ella le abrazará con sus piernas.  La cogerá en brazos a horcajadas aún sabiendo que no llegará al dormitorio, - con los años ya no es el que era-, pero lo intenta, en el pasillo se le escurrirá,  descalza dará saltitos hacia el dormitorio,  él la agarrará,  la capturará entre los cuadros Tibetanos, descubrirá sus ojos llenos de brillo, de ganas, de risas, está llena de risas.  Ella no le dará tregua y le besará, él recordará en ese instante cada uno de esos momentos que le hizo sonreír, reír a carcajadas.  Cuando separen sus labios él la mirará, ahí estará ella con su corazón latiendo con fuerza, su amplia sonrisa y ese brillo en esa mirada tan llena de colores.  Ella se escurre, él la sujeta, ella se ríe.  
No llegarán al dormitorio, hay días que no da para otra cosa.

La mañana transcurrió despacito, llena de ideas y pensamientos atrevidos.  Ella estaba  sentada en la mesa de la entrada cuando él abrió la puerta. Él la vio allí esperándole, como una gata con cascabel. Sonríe.  Ella le sonríe...


Tan solo hacía unas horas que no lo sentía,  las suficientes para echarle de menos.




miércoles, 16 de agosto de 2017

Tantas cosas



Aquella noche tenía tantas ganas de verte, de hablar contigo, de abrazarte, de lo que fuera, pero contigo; créeme, estaba tan estancada, que necesitaba por lo menos escuchar tu voz, vivir contigo la madrugada, en verdad, quería volver sentirme mariposa. Me puse a leer nuestras cosas y le di tantas vueltas a todo. Pensaba en qué clase de persona era para ti, tal vez tú necesitabas de alguien mucho mejor que yo, alguien con una capacidad de amor superior, en fin, tantas vueltas diste en mi cabeza.
Me coloqué frente al espejo y sin quitar la vista a mi mirada clavada en horizontes  y espejismos inalcanzables,  respiré hondo mientras observaba detenidamente mi rumbo,  en ese momento pasaron por mi mente tantas cosas, me senté en el jardín en las primeras horas del día;  poco a poco comenzó a desplegarse una pequeña sonrisa, rubor en mis mejillas, inevitables y silenciosas sensaciones.

Después de un rato observé el reloj. Ya,  sintiéndome mariposa, con los viejos recuerdos de oruga convertidos en polvo,  fatigada de tanto caminar, por fin recorrí el último tramo, me tumbé en la cama, cerré los ojos; me sonríes y yo te doy un beso en la frente.





domingo, 13 de agosto de 2017

Cuentos de madrugadas



Recorriendo los senderos de la mente me encontré conmigo misma;
la sombra de un futuro todavía por resolver.
Diferentes caminos se abrían ante mí. ¿Como elegir el correcto?
Alcé la mirada hacia las estrellas esperando encontrar la tuya.

En busca de una mirada sincera, un gesto... un acto de fe.
La complicidad no se encuentra en las palabras,
son los hechos quien la definen. 

Envasada al vacío, buscando una salida por la cual respirar,
mirando al infinito a través de tus ojos,
andando un camino que recorro en pos de mi destino.
Teniendo la certeza de seguir andando sin pausa,
porque sólo así conseguiremos encontrarnos en ese Cruce de las casualidades.
En ese cruce en el que descubrimos que...

Tú tenías  el mapa
yo siempre la  brújula.

Y sueño en que de alguna forma encontremos el camino, que los momentos fluyan como afluente del Ganges, que no dejemos de sentir como aquel día  donde todo empezó, que permanezcan las ganas de ser explorador, donde todo renazca y las risas se confundan con el sonido de la música, que siempre tengamos ese poquito de tiempo robado para querernos  y sentir con el alivio del nómada libre esa agradable sensación de haber llegado a casa... la casa de tu cuerpo amoroso y tus cuentos de madrugada.







viernes, 11 de agosto de 2017

Giros



He aprendido que los amores pueden llegar por sorpresa o terminar en una madrugada.
Que grandes amigos se pueden convertir en grandes desconocidos y por el contrario, un desconocido puede volverse alguien inseparable.
Que el nunca jamás, nunca se cumple, y que el para siempre, siempre termina.
Que el que quiere, lo puede, lo sigue, lo logra, y posiblemente lo consigue.
Que el que arriesga no pierde nada y el que no arriesga, no  gana.
Que si quieres ver a una persona,  deber ir hacia ella, mañana puede ser tarde.
Que el sentir dolor es inevitable, pero sufrir es opcional.
Y sobre todo, he aprendido que no sirve de nada negar lo evidente…
Que quien nada tiene nada pierde.

Y que hay gente, gente como yo, a la que la vida le suele dar limones. Si… debéis saberlo ya a estas alturas… soy experta en limonadas.





martes, 8 de agosto de 2017

Nena



Todos dicen  que es demasiado seca, fría y distante, demasiado independiente. 
Es de esas personas que necesitan su espacio, su tiempo para ella.
No suele fascinarse por casi nada.  Es de esas personas que vive en la cruz de casi todo.  Aprendió a  no necesitar nada,  a nadie. Todo lo que posee está  dentro de  ella o en esa caja de zapatos.

Es martes, las luces del día  a penas despuntan.  Ella duerme con su camisón de verano.  Siente el calor del día entrar por la ventana.  Abre con pereza los ojos y sonríe... 
"Buenos días nena".  Él está  de rodillas sobre el colchón entre sus  piernas.  Acaricia sus tobillos, sube sus dedos hacia los muslos y sube hacia su cintura el camisón.   Ella gira con suavidad la vista para mirar como él la mira y le murmura alguna de esas cosas suyas para hacerla sentir...   
Él le pide permiso y ella afirma con la cabeza, sonríe y cierra los ojos.

Le hace sentir la mujer más bonita del sur. La más deseada,  su corazón late con fuerza. Cuando está  en la cama con él, cuando lo siente jugando entre sus piernas olvida  todo,  toda la hiel de la vida desaparece. Cuando él está con ella se siente como una niña curiosa y traviesa. Siente el peso de él  sobre su espalda y  se deja enlazar los dedos de sus manos con los de él. Y sonríe, y se siente como mecida por mareas agitadas, sin miedo a perder el rumbo, sin miedo a caer en las aguas heladas del nunca jamás, ni en esos remolinos del para siempre, él la mece en las aguas agitadas del ahora.   Se deja mecer mientras aprieta las manos,  mientras se sumerge en las profundidades del océano de todos los placeres,  el ahogo mudo  y ese dejarse llevar por las corrientes  del cuerpo. 

Él la mira, descubre sus ojos brillantes y abiertos como la que vio grandes maravillas,  con la mirada de una niña avergonzada de haber encontrado algo tan bueno  que lo guarda para ella. Él se tumba a su lado un momento. 

"Buenos días" Dice ella después de haber  recobrado el aliento.  Se queda así un instante hasta que el corazón vuelve al ritmo de mujer seca, fría, distante y demasiado independiente, de mujer que necesita su espacio, su tiempo para ella.  Sabe que el día debe proseguir.  Ella se levanta pensando en darse una ducha. Él le dice que la quiere y ella  le dice que lo quiere. Y recuerda que...  Todo lo que posee está  dentro de  ella o en esa caja de zapatos.





domingo, 6 de agosto de 2017

Postales desde el Sur



Desde las  doraras arenas del Sur, desde las tierras libres de las almas de veranos eternos, desde la orilla del Atlántico salvaje, estos muslitos te recuerdan.

Bañada por el sol, con esa fina capa de arenas doradas que se adosan en la piel y el sabor  a sal de las aguas del gran océano pienso en lo que viene y lo que va.

Los ojos miran el horizonte etereo que arrulla como el veneno de sus palabras.  Ese veneno sin antídoto, ese delirio de espera durmiente. Escucho su voz llevada por el viento, se arremolina  y serpentea por mis muslitos subiendo por un cuerpo doliente y deseoso de sus sedes.

Los muslitos y cada centímetro de piel recuerdan  aquellas seis palabras que parecen dormidas e inofensivas.  

Desde mi lugar favorito, con piel sureña, alma pirata y con el corazón sediento, anhelo que descubra ese suspiro... ¡ Ains Amor! mientras  vivo y me río todo lo que la vida me permite, recuerdo que mi lugar favorito no existe, ni mi momento del día, sólo existe mi compañía favorita, a veces, casi siempre esa compañía sólo soy yo, yo  conmigo y mis mil preguntas con sus mil respuestas por descifrar... pero otras veces mi tiempo .. Ese tiempo favorito que gasto alegremente,  es sólo usted.

Desde las  doraras arenas del Sur, desde las tierras libres de las almas de veranos eternos, desde la orilla del Atlántico salvaje, estos muslitos te recuerdan.




viernes, 4 de agosto de 2017

Volver a Guisante




Últimamente Guisante está ocupado. Me llama contándome que está liado, con el trabajo, con sus cosas.  Y yo que también soy de no parar, a penas me doy cuenta del tiempo que pasa. Aunque  de vez en cuando  le pienso  de esa forma que hace morderme las uñas sin cortarlas y él le roba tiempo a su día y apura la madrugada para regalarme Arvo Part, y me hace sentirme sexy, importante, incluso mas inteligente de lo soy.  Él sabe bien como hacerlo. 


Miro el calendario de reojo esperando el otoño de rutina y susurros, tengo ganas de ver a mi guisante llegar, de escuchar esa campanita que anuncia su llegada   y abrirle mis puertas de par en par,  con mi sonrisa.  



Quiero que vuelvas  a mí.  El sofá te está esperando, para que te recuestes   en esas horas silenciosas. Esas que siempre fueron nuestras, yo te estoy esperando, con ese deseo guardado lleno de templanza. Me apoyaré en tus piernas, así como sabes,  y dejaré que toques mis muslitos, así como te gusta, y entre tanto arrullo podrás ver mis ojos llenos de deseo y ese sentir incondicional de los amantes eternos. 


Quiero volver a ti, a mi amante, escuchar tu voz de cigarrillos dormidos, quiero perderme en tu limbo, despojarme de  la ropa y abandonarme en  toda esa lírica nuestra,  escuchar mi nombre, ese con el que me bautizaste tan pronto llegué a tu mundo de recreo y diversión. Sentirme tuya, sentir tus dedos recorrer toda la columna vertebral. Así, como tu sabes.  De Norte a Sur  y cuando llegues a ese extremo, no te detengas...  Ya sabes que siempre hay más sur.
Mírame Guisante.  No olvides el camino a mis muslitos. Cuando llegues a ellos todo será dulzura y diversión.  Y ese día saciaremos las sedes de todo un verano largo y ausente de las mieles,  volveremos a  nuestras ganas,  a tu aliento en mi boca. Si Guisante, beberemos el mismo aire y me ahogarás en tu mismo suspiro. ¡ Ains!  Ven a mi Guisante, ven a mí.



martes, 1 de agosto de 2017

Lunares




Te amo. - Dijo como la que abre el cofre del tesoro-  Podría decírselo, así tal cual, pero prefiero guardarlo, mantenerlo para mí, como tantas otras cosas.  Aunque sé, que esto es lo más bonito que conservaré en mi corazón lleno de tantas cosas bonitas y pequeñas,  cosas que se hacen grande dentro de mi, gracias a mis cuidados y mis sueños.

Yo quiero contigo - pensó como la que confiesa  una de esas cosas inconfesables- Quiero volver a aquella adolescencia donde  las tretas aún no habían agrietado mi corazón ni mis sueños. Desearía perderme y no encontrar el camino de vuelta.  Llegar a ti como la que llega al centro del laberinto, hundirme en tu tórax,  que tus brazos me abracen y sentir tu arrullo, esas palabras sanadoras  que despejan todos los miedos.   Sentir como me acaricias el pelo.  Y mientras, mi corazón late tan fuerte que parece desbocarse.

Hoy me pinchan y solo sale amor.  Muero por sentir como exploras mi silueta, porque cuentes mis lunares y  debas comenzar de nuevo al perder la cuenta de tan suave tarea, me muero por saborear tu aliento de sueños y certezas.
Siento como te mueres por adentrarte en mi cueva de aventuras y tesoros. Y yo... yo me muero por verte surcar en el vaivén  de los deseos, sentimientos y pecados, por verte navegar corazón adentro.  Me pierdo en tus ansias y tus ganas...  Ven, Ven y abrázame mientras me dices tus cosas.

Podría decírselo, así tal cual, pero prefiero guardarlo, mantenerlo para mí, como tantas otras cosas.