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Entra y siéntete en casa...

sábado, 30 de diciembre de 2017

Uno



Llamaron al timbre de casa
Ella abrió la puerta
Él ... 
Estaba allí 
a escasos tres pasos de ella

Aquél hombre
Se había escurrido por la madriguera de conejos
y
Esperó  a que ella fuera
con paso firme y decidia
la que diera esos tres pasos 
Se hundiera en su tórax 
en ese abrazo
sin final




miércoles, 27 de diciembre de 2017

Cacao volador


El transeúnte iba con su mejor chaqueta y pantalones, incluso con una de las dos corbatas que tenía, había ido a una entrevista de trabajo y volvía a casa con la sensación de que pronto tendría noticias de la empresa.

¡DIOS, QUE ES ESTO!  
Un liquido marrón y ligeramente espeso resbalaba por su flequillo, por los hombros de la chaqueta y después de unos segundos el líquido ya goteaba  en los flamantes zapatos.
El olor no dejaba lugar a la duda, era cacao con leche, alguna gota se coló por la comisura de los labios. Miró arriba, no vio nada, se enfadó y gruñó como hacía tiempo que no hacía.  Decenas de balcones anónimos se perdían en las alturas, era inútil averiguar de donde llegaba el cacao templado.
Algunas mujeres le prestaron ayuda dándole pañuelos para limpiarse la cara. Pero él seguía gruñendo...

Varios pisos arriba estaba Carlos, 6 años, castigado aún siendo vacaciones de navidad. Odiaba la leche, odiaba la leche templada, odiaba la leche templada con cacao.  La solución la tuvo ante sus ojos cuando miró por el balcón. En dos segundos el problema se había esfumado de su vista.

¡Ya terminé mamá!  

Que bien hijo, te lo tomaste tan rápido y sin quejarte que esta tarde iremos a la feria ambulante navideña.  - dijo la madre orgullosa de su niño que por una vez había obedecido -.

Carlos a sus 6 años era feliz pensando en lo bien que lo pasaría en la feria.



lunes, 25 de diciembre de 2017

Día de Navidad



Un año más os deseo una Feliz Navidad.  Que esas tristezas que guardáis todo el año se alivien con la compañía de quien os quiere aderezado con algún licor.

Brindo por vosotros que tanto me dais.

Gracias. Aquí os dejo junto a mi Diana,  que es como mi hija-perro, como mi hija la mayor. Esa que alguien decidió abandonarla y ella con la magia del destino y la suerte, además de la libertad de elección... decidió elegirme para no marchar nunca más.  Y yo ahora la quiero como si fuera parte de mi.

Ayer,  en la mañana de Nochebuena estaba en mi jardín delantero, donde me veis en la foto.  Tomaba el sol de medio día como si fuera  (aunque puede que ya lo sea) una viejita con huesos cansados y el sol me los templa para seguir adelante. 

Pensé...  Es Nochebuena,  me apetece hacer algo especial.  Le dije a Diana...   - Diana vamos a comernos un poco de chocolate juntas-  Nunca le doy dulces,  siempre le digo que no puede comerlos porque no quiero que "Sea una perrita con gafas"  pero ayer, ayer era un día especial.   - Vamos a comernos unas de las bolas de chocolate del árbol, pero será nuestro secreto- Susurré.

Ella que es muy lista no me esperó. Se sentó junto al árbol.  Esperó que eligiera una de las bolas de chocolate, movía el rabo contenta.  Sé que le gustan ya que dos días antes la pillé comiéndose una de las bolas y tuve que sacarle el papel del envoltorio de la boca. Lo mantuvimos en secreto para que "la abuela" no la castigara  pero hoy estábamos allí las dos, junto al árbol, yo quité el envoltorio plateado y le dí algunos trocitos de chocolate. Debo decir que la gran parte  me lo comí yo pero ella se llevó su pequeña porción.  Y ahí bajo el sol templado de la mañana de Nochebuena pasamos un rato más.   Hasta que llegó la hora del aperitivo y nos refugiamos en el calor del horno y la familia.




viernes, 22 de diciembre de 2017

Deshielo



Siempre tengo frío. Siempre tengo las manos heladas como si el desierto blanco estuviera en mi.  Así que cuando él llega y me coge de la mano después de besarme en la boca siempre me pregunta porqué tengo las manos tan frías siempre.  Y yo le digo porque están lejos de él. Entonces mete mis manos dentro de su ropa...  su abdomen está caliente, como un horno, a veces al sentir su calor las manos me duelen debido al contraste.  Me abraza y descanso en su hombro, cierro los ojos y entonces descubro que él es mi hogar. Ese donde eres tú misma sin miedos ni mentiras. Él es mi amor de ayer y de mañana.  Atuso su barba nórdica e introduzco mi nariz y mi boca en ella, él sonríe, me siento como una niña que juega, que enreda sus dedos en su larga barba mientras busca el camino a su boca.
¿ Te gusta mi barba, me la corto?  - pregunta mirándome con ojos alegres-
Yo le digo que no la corte.  Me gusta. Su barba, su mirada, su forma de hacer que me rinda, tumbada a su merced, me gustan sus manos desabrochando mi cinturón, el botón del pantalón y la cremallera...


Soy de las tierras del frío. Y quiero quedarme en tu remanso, quiero estar desnuda para ti bajo tu manta... y crecer contigo, y conseguir ser viejos con cuerpos cansados uno junto al otro manteniendo intactas nuestras jóvenes almas rebeldes. Quiero ser libre para irme, quiero elegir quedarme.








lunes, 18 de diciembre de 2017

Hippie soñador






Había entrado tantas veces en aquel cuarto que aquella tarde podría haberse contado como una más de tantas.  Pero no lo era.

Él había esperado pacientemente ese momento en el que ella volviera a confiar en él.
Tiempo atrás, ella puso un punto y final y él que es un jodido hippie soñador siempre lo vio como puntos suspensivos.

Él le dijo que la quería, ella se giró hacia un lado. Cerró los ojos y alguna de sus furtivas lágrimas brotaron sin permiso.  Él aquella tarde estaba tan contento que no se dio cuenta que quien yacía en  ropa interior en su cama arrastraba sus lágrimas con sus dedos mientras él la abrazaba por la espalda  con seguridad e instinto masculino.

"Cuanto más adversas sean las circunstancias, más claramente se revelará nuestro autentico yo".  Era una de esas frases de cabecera que ella recordó, así, de pronto.  Aunque esa frase la entendía y la asimilaba desde hacía mucho tiempo... Ella siempre se había sabido como una autentica cobarde.
Él atusaba la melena de la chica " Vencer sin batalla es el supremo arte de la vida". pensó mientras se quedó dormido en ella.  Él  siempre se había sabido como un hippie soñador.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Gris




Eran épocas de tristezas, todos preparaban las fiestas y cotillones.  Paseaban por las calles iluminadas de forma especial, todos guardaban su pena en el bolsillo. Todos, incluso ella.  Ella que era tan de cascabeles y lucecitas también guardaba lo suyo en lo más profundo de su bolsillo, a veces metía su mano y lo acariciaba, como el que recuerda que la vida es una mierda, si. Ella también se deprimía en los últimos días del año.


Había montado el árbol de Navidad hacía varios día. Por la tarde lo encendía y lo observaba, la mayoría de los días con una sonrisa. Aquella tarde se sentó en el suelo y después de un rato yacía tumbada en el suelo mirando desde la perspectiva de una niña la decoración y la luz tintineante de su bonito árbol navideño. 



Fue entonces cuando él se tumbó a su lado, la achuchó y la besó sin remilgos. " Gracias ". Dijo él mirándola  a los ojos.  Ella sonrió ampliamente y apretó su cuerpo contra el  de aquel amor conocido.  Volvieron a besarse, ella acariciaba su barba, él resbalaba sus manos hacia el culete de su chica. "Házmelo aquí" le susurró ella al odio.  "¿Aquí, en el suelo , bajo el árbol?"  Preguntó con una cara de pícaro y con la mirada llena de deseo.  " Si, aquí..." 

La desnudó, rodeó por el cuello de la chica uno de los espumillones que decoraban el árbol, y allí bajo el árbol, haciendo el amor acarició su pena guardada en el bolsillo...


Quería besarle, acariciarte, mirarlo a los ojos y hacerle esas cosas de niña traviesa. Quería dormir con él, sentirse desnudos uno frente al otro, de cuerpo, de corazón. Quería que la sintiera suya y la llenara de todo él.



Rieron a carcajadas bajo el árbol.  Ella recordó los grises de la vida. Si, incluso ella se deprimía en los últimos días del año.








miércoles, 13 de diciembre de 2017

Aquí fuera



Fuera quedarán los perros,
 Los hechiceros, los fornicarios, 
Los homicidas, los idólatras 
Y todos los que amen y practiquen la mentira.  
El diablo, la bestia y el falso profeta.
Ignoro mi procedencia,
Aún así me siento libre aquí fuera,
 me reconoceréis por mis actos,
Soy uno de vosotros.
Estoy en casa.






domingo, 10 de diciembre de 2017

Rana




Erase un niño con un padre borracho. Erase un niño cansado de porrazos, golpes, gritos y escondites.  Escondites donde leía durante horas para que ese padre no lo encontrara. Y fue ahí donde leyó un libro de esos de Remedios caseros de tía Enriqueta,  Radicar problemas con el alcohol - Ese era el título de aquél capítulo-.  Lo leyó atentamente.  Indicaba paso a paso todo lo que había que hacer.  Parecía sencillo.


Cogió la rana en su colegio, sabía bien  donde estaban, más de un día había cogido alguna para  meterla dentro de la mochila de Ana, la niña mas bonita del colegio. Le gustaba verla gritar y escuchar como pronunciaba su nombre asustada para que quitara aquel "repugnante bicho"  de su mochila de princesas.

Camino a la escuela gastó la paga semanal en una botella de vino, metió la pequeña rana y la mantuvo allí dentro todo un día.  Cambió el vino a otra botella y tiró la que contenía la rana ahogada en vino.

A la hora justa puso el vino en la mesa y su padre no lo dudó, comenzó a beber. Se lo bebió todo. Cantó y durmió  varias horas.

Al día siguiente, a la hora de costumbre el padre colocó su botella de vino y comenzó a beber, ese día el vino le sentaba mal.  Le dolía el estómago, no estaba muy católico. Vomitó y y se acostó con mal cuerpo.  Al otro día a la hora de costumbre colocó su botella y le dio un trago  con desgana, hoy tampoco estaba mejor.   Al siguiente colocó la botella de vino. El olor le producía nauseas.  Después de algún tiempo dejó de intentarlo. El vino ya no era bienvenido en aquel cuerpo delgado y borrachín.


La Rana no había muerto en vano.  Con su muerte había regalado una nueva vida a un hombre ahogado en vino hasta aquel día y sobre todo la paz a una  esposa cansada y aquel niño olvidó los escondites y como no, mantuvo en secreto que había matado a una rana para salvar a su familia.







jueves, 7 de diciembre de 2017

Entre cena y desayuno




Había llegado a casa un poco mas temprano de lo habitual, con prisas, abrió la puerta como un rayo, dejó el bolso en mitad del pasillo y entró al baño presurosa a hacer pis.  Wow por los pelos. - pensó aliviada sentada en la taza del váter-.   Suspiró y se quitó los zapatos.  Fue a por el bolso y lo dejó en su dormitorio. Se recogió el pelo, le apetecía darse una ducha pero antes fue al salón a poner un poco de música, odiaba el silencio en casa.   Se quitó el abrigo, las medias tupidas invernales y desabrochó los botones de su vestido, justo en el momento que comenzaba su canción favorita y cuando se comenzó a desnudar, se dio cuenta de que estaba siendo observada.

Él estaba allí sentado  en uno de los taburetes de la isla en uno de los frontales del salón, con el pc encendido y los auriculares puestos.  La miraba inmóvil justo en ese instante en que el vestido iba a caer.

Ella recordó entonces que habían quedado para hablar de lo suyo, de su relación dormida por no decir muerta. Que le había dado permiso para  utilizar la llave de casa, ponerse cómodo y esperarla hasta que volviera del trabajo.   Había estado días entero pensando en qué decirle, pero  ese día había sido un día  de locos, no había pensado en ello, de echo, lo había olvidado.  Él suspiró y se mordió los labios.  Sigue.- dijo con una voz seria y cargado de deseo- 
Ella se quedó inmóvil, olvidaba lentamente todo el desenfreno del día.  Hizo el amago de dejar caer el vestido.   
Espera. - pidió en el último momento el hombre desde la penumbra solo iluminado por la luz del portátil-   Abróchate el  vestido y quítate las bragas.  Ella lo hizo.  

Él le pidió que se acercara y ella le dijo que fuera él quien fuera a ella. 

El hombre se acercó, cerca, muy cerca, piel con piel.  ¿Lo sientes? Dijo él.  Ella asintió con la cabeza. Se quedaron en silencio mientras se descubrieron en un abrazo.

- Bueno, ¿Qué haremos. Qué va a pasar con lo nuestro?

-  Ahora no lo sé cariño, mañana en el desayuno lo hablamos.  Dijo mientras la miraba a la vez que sus dedos llegaban a los jardines de las delicias.




lunes, 4 de diciembre de 2017

Puro amor



Él se levanta temprano. Muy temprano.  Cuando la ve a ella la mañana ya está avanzada pero siempre  dejan  a un lado aquello que están haciendo y se toman un café juntos.

Algunos días como aquél incluso tenían algo sorprendente que contar.

- Esta mañana me ha pasado algo, que verás cuando te lo cuente como te  vas a quedar.  Dijo él mientras se ponía azúcar en el café y ella terminaba de untar la sobrasada en su tostada.

Ella le acercó el plato con las tostadas, puso el azúcar en su café, esperó a que se acomodara un momento y ver como daba el primer bocado a  la tostada. Suspiró y le animó a que le contara lo sucedido.

- Iba andando por el camino habitual que suelo hacer,  cuando desde lejos, vi un bulto en el suelo, era grande, parecía una persona tirada en el suelo. Conforme me iba acercando mis sospechas se confirmaron. Eran las seis y media de la mañana y aquel tipo permanecía en el suelo inmóvil.  Le hablé. No reaccionaba.  Le di un golpecito en el hombro y pregunté si estaba bien.  No, no estaba bien, tenía una buena borrachera y tiritaba como si hubiera estado toda la noche allí bajo las gélidas temperaturas del frío polar.  Le puse mi sudadera y le pregunté si estaba lejos de casa.  No lo estaba. Pero las tiritonas que tenía casi le impedía hablar y desplazarse así que lo acompañé un buen tramo hasta que vi que parecía tener cierta coordinación.  Me quiso dar la sudadera pero aún lo veía dar tiritonas y le dije que ya me la devolvería.

- ¿Me quieres decir que has dado tu sudadera a un desconocido que estaba con una borrachera mortal  al que posiblemente no veas más?

- Si. Creo que si este tipo no hubiera reaccionado y vuelve a casa se hubiera muerto.  Estaba muy muy muy mal.

Se quedaron en silencio un instante, ella le sonrió y él le preguntó porqué lo hacía.

- Desde mi perspectiva si tú no hubieras estado allí, le das tu sudadera y le das un buen empuje para que se levantara su destino hubiera sido bastante jodido.  Eres un tío de la hostia amor mío. Estoy muy orgullosa de tener alguien así a mi lado.

- Pues pasé un poco de intranquilidad,  hubo un momento que pensé que era uno de esos trucos  en  que un cebo te hace parar y llega otro tipo y te  quitan los cuatro euros que llevas.

Ella lo miró con ternura y con amor, orgullosa de estar a su lado, de tener un tipo a su lado con no mucho dinero pero que no duda en dar lo que tiene a alguien que lo necesita.

-Dame un beso amor mío, estoy orgullosa de ti. Eres puro amor. Te quiero.

Se dieron un beso en los labios.


- Yo también te quiero cariño.









sábado, 2 de diciembre de 2017

Evolución





¿Por qué me dejaste de querer? Dijo él después de varios meses de silencio.

Hacía una mañana fría,  él hundía la cabeza en la bufanda y ella pasaba su brazo  por su hombro dándole calor. Aquella pregunta no le incomodó, ella misma se la había preguntado más de una vez en todo ese tiempo pasado.

No te he dejado de querer amor mío, no dejé que te alejaras demasiado. Necesito tu risa a carcajadas y tus silencios compartidos.  Puede que después de tantos años descubrí  que el amor evoluciona y  se convierte en algo que no esperamos, pensamos que ya  no es y...

Buscamos otro Edén - él la interrumpió-

Ella se recostó en su hombro, lo olió y le dio un beso en el cuello. 

No es eso amor, nuestro amor evolucionó a algo muy bonito ¿No te das cuenta?, no estoy segura si quiero alejarme de nuestro Edén, de tus manos y tus cosas tan conocidas.  No sé si quiero marcharme de este vergel, de estos colores tan nuestros. 

Él colocó su mano entre los muslos de la mujer.

No intentes distraerme, no vayas de angelito distraído, si me amaras como se debe  no estábamos aquí sino en nuestra cama haciendo el amor, o desnudos uno frente al otro. Como antes.


Ella  escondió la sonrisa en el cuello  de él. 

No intentes embaucarme, no seas diablillo que recuerda momentos de delicias y placeres.


El invierno llegó a Edén,  la pasión y el deseo hibernaba, el frío lo cubría todo y las luces realzaban la belleza de todo lo que formaba parte de aquella burbuja creadora, aquel lugar donde solo se había creado amor y tanto bonito ahora parecía estar helado.
Ya no había hojas de parra para cubrir sus cuerpos desnudos, ya no había nada que ocultar. Sabían que ni ella era un angelito inocente ni él un diablo cargado de tentaciones. 


Ella lo miró, deslizó la mano de él hacia su sexo y lo besó como hacía tiempo que no lo hacía, lo lamió y volvieron a saborearse.  Enlazaron sus manos.  Puede que no dejara de quererlo, solo que aún hacía frío en el paraíso. Puede que después de tantos años descubrió  que el amor evoluciona y  se convierte en algo que no esperamos.



jueves, 30 de noviembre de 2017

Rayos y truenos




Eran las tres de la madrugada cuando la tormenta se desató  sobre la ciudad. 

Ella abrió los ojos tan pronto escuchó el primer trueno.  Su hogar se iluminaba, contaba el tiempo entre luz y sonido, así sabía si la tormenta se alejaba o como aquella noche cada vez estaba mas cerca.

Se agarraba fuerte a la almohada y cerraba los ojos cada vez que escuchaba el retumbar de los cristales de las ventanas. 

Aún no eran las cuatro de la mañana cuando el móvil sonó.  Era él.

- Sé que estás despierta. Siento  no poder estar esta noche a tu lado para protegerte de tu miedo.

Ella le contestó y estuvieron un rato mandándose mensajitos. 
En momentos así, en noches como aquella descubría lo importante que es tener a alguien a quien abrazar en las noches oscuras y tormentosas.  Alguien que está ahí en plena madrugada y recorrería en 10 minutos los dos kilómetros que les separaban sin dudarlo si ella se lo pidiera.  Alguien que quiere cuidarla y que le dice que no se irá de ella nunca. Y lo demuestra con creces.  En momentos como estos descubre lo absurdo de ciertas  elecciones y lo fácil que es quedarse donde se está bien. Donde no hay complejos, donde todo es libertad y armonía, donde simplemente se es.  Si, aquella noche en mitad de la madrugada quería estar en él, en silencio, abrazada a su cuerpo de titiritero.  Aquella noche cerró los ojos soñando que estaba entre sus amorosos brazos y recordando sus letras de calma y tranquilidad.

A la mañana siguiente se  despertó cansada de no haber dormido demasiado.  Se incorporó y puso los pies en el suelo.  Bajó del colchón y de los sueños de madrugada. Quizás todo lo que había pensado aquella noche de rayos y truenos solo era producto de la soledad de la madrugada.  Pero él a media mañana le dio los buenos días. Ella sonrió como la que ve su propio arcoíris.




martes, 28 de noviembre de 2017

Destino y derecho



Nunca ante había sentido tanto dolor.  Nunca antes.

Sintió no solo  como le desgarraban  la ropa, sino como le desgarraban el alma y partían su vida en dos.
Nunca volvió a ser Lucía.  Nunca volvió a ser la misma mujer de cascabeles y sonrisas.
Su hermana al escuchar la terrorífica confesión le recordó que había opciones, no tendría que seguir adelante si no lo deseaba.

-  No puedo hacerlo, este niño no es mío. dijo acariciando su vientre. No puedo quitarle ese derecho. 

Era solo una posibilidad hermana.


 Lucía salió de la habitación, paró un instante junto a la puerta antes de salir diciendo.  
Este niño es dueño de sí mismo.




sábado, 25 de noviembre de 2017

guErrEra



Mírame. 
Te veo.  
Leo cada una de esas palabras que se quedan contigo.
No te fíes de mi aparente fragilidad. 
Que no te conmuevan las lágrimas que caen solas. 
Mi corazón late al compás del tuyo. 
No abandonaré tu cuerpo en mitad del camino.
No tengas en cuenta mis arrebatos.
Ya sabes que a veces la conexión neuronal entre cerebro y boca experimenta fallos 
Y meto la pata  a una velocidad imparable.
Encontraremos el mejor camino para volver a casa.
Tus palabras se cuelan en mí como bálsamo chamánico.
Me reajusto constantemente. 
No soy ninguna niñita.
Soy una guerrera.
Lo sé.
Mírame.




jueves, 23 de noviembre de 2017

La bondad de la maldad



Javier había sido malo. La maldad había nacido con él.  Al menos eso era lo que decían todos.  Era el único  con la sangre fría para hacer cierto tipo de actividades bastante reprochables y ausente de toda moral.

Vivía en el campo, en aquellos años lejanos todos los vecinos lo llamaban cuando alguna de sus perras parían.  Metía los perros en un saco y paraba en el muro trasero del cementerio. Volvía sin el saco.
Esa era una de las actividades de Javier.  No se cuestionaba, no se reprochaba, era lo que había que hacer y punto.

Los tiempos pasaron. Javier creció, se hizo un hombre, evolucionó, y junto a él también evolucionó la sociedad y aquellos actos terroríficos y bárbaros eran ahora un delito.  Ahora aquellos actos normalizados en un tiempo de niebla ahora estaban encerrados en esa habitación que suelen guardar algunos, habitación de la vergüenza y los secretos.

Javier ahora  tiene pesadillas, recuerda a su padre borracho de vino de pueblo obligándole a coger  el saco, obligándole a realizar otras actividades no menos horripilantes.  Recuerda a las mujeres cuchichear en las tiendas que tenía la semilla de lo malo dentro. Y todas las niñas cambiándose de acera cuando lo veían coincidir en su camino.

Ahora está enamorado. Su chica, bonita y de corazón sencillo sabe bien quien fue, pero reconoce la bondad que hay dentro de ese hombre con el estigma de la maldad como sello de nacimiento.  Estigma heredado por un entorno hueco y sin valores, solo supervivencia. Ella lo mira con los ojos alegres porque solo le regala risas.  Hacen el amor en el pajar como lo hicieron sus abuelos. Ella siente esa clase de certeza que pocas veces te encuentras en la vida. Ella hace el amor  sabiendo que será el último hombre al que amará, con el que se quedará hasta que las canas tiñan su melena. Se paran un momento antes de salir de su trocito de paraíso, se despiden con esas palabras de amantes, él la peina para que nadie descubra que estuvo en ella.

El corazón de Javier late con la misma fuerza que cuándo tenía doce años, con la misma rebeldía, con la misma pasión. El odio, la rabia, la rebeldía y el amor. Javier vuelve al hangar de los temporeros, ella sube las escaleras de la casa de campo.






lunes, 20 de noviembre de 2017

Complicidad



    Juan aparcó su coche en el garaje.  Su hijo sentado a su lado había permanecido en silencio todo el trayecto, ni siquiera había insistido para poder conducir él.
Juan sacó las llaves del interruptor. Miró a su niño. Siempre habían tenido una bonita complicidad aunque desde que se había convertido en un muchacho y podían compartir alguna cerveza de domingo el vínculo padre-hijo era aún mas fuerte.

- ¿Qué te pasa hijo?  Le preguntó con cierta preocupación.

Me gusta una chica y soy invisible para ella. Estoy jodido papá.

Juan miró a su hijo.  ¿Qué decirle?.  Posiblemente estuviera enamorado o creería estarlo, que es lo mismo a esta edad.

- Hijo...  No te desanimes. No eres invisible, ella te ve, solo que puede que no sea tu momento. Quédate ahí, no te alejes. Trata de hacerla sentir a gusto los ratos que coincidáis y puede ser que un día ella abra los ojos y te descubra a su lado.

El joven escuchaba a su padre en silencio.

- Tuve que afrontar dos novios de tu madre y esas amigas tan insoportables. Yo tuve mis novias también, no puedo decirte que no.  Pero tu madre era mi chica. Un día cuando menos lo esperaba  nos refugiamos en una tienda de ropa  por un ataque terrorista.  La cogí de la mano toda aquella tarde y aún no se la solté. Salimos juntos de aquella tienda y no nos separamos más.

- Y si ella no me quiere, y si ella no me elige.  ¿Qué hago entonces papá?   Se notaba la desesperación en sus ojos.

-  Entonces el tiempo pasará y encontrarás a otra chica. Tan especial y bonita como en la que piensas hoy.  El tiempo todo lo cura,  hace olvidar todo y terminas evolucionando.

- No se lo digas a mamá, ¿vale?.    

- Claro que no hijo. Es una verdadera pesada en estas cosas.


Ambos sonrieron, bajaron del coche y entraron a casa.  Mamá estaba en el salón.  "HOLA MAMÁ" dijeron los dos a coro.

- Vaya, que contentos volvéis.  A ella le gustaba verlos tan unidos.

- Por cierto papá, ¿Qué es eso de ataque terrorista?

- Son cosas antiguas hijo, cosas que pasaban antes de que nacieras. Es complicado, no lo entenderías.



Cenaron a las ocho y media. Se fueron pronto a dormir.  Mañana sería un buen día.







viernes, 17 de noviembre de 2017

El amor y el chocolate.





Siempre fui una romántica pero el amor nunca me correspondió, entonces me aficioné al chocolate.  La gente dice  que es el sustitutivo del sexo.  Imagino que la gente que dice eso nunca se dejó arrastrar por esa pasión desenfrenada, porque joder no tiene nada que ver una cosa con otra, y os habla alguien que durante años fue una apasionada del chocolate.  Bueno y lo sigo siendo para que engañaros.

- Si cariño, yo también te quiero.   Me gusta como me dice cariño. Sólo él me llama así.  Me gusta más el cariño que el te quiero, supongo porque aún me cuesta asimilar que alguien me quiera,  que valore mis cosas y le guste lo que soy y como soy.  Supongo que a todos nos pasa igual, pero a mi me costó media vida encontrarlo.

Los viernes por la tarde comienza nuestro fin de semana. Coincidimos en casa a eso de las seis. Él me suele mandar mensajitos subidos de tono y yo los leo con una media sonrisa, con disimulo. Le contesto, claro que si. No lo  dudéis.
Me suelo duchar tan pronto llego a casa. Él se las apaña para entrar con alguna escusa, así que me acostumbré a dejar la puerta abierta.

- Cariño, hoy tengo una sorpresa para ti.    Me mira tras la mampara de la ducha. Me mira como si le gustara mucho lo que ve. Con el placer de recrearse sin querer probar.  Salgo de la ducha y pasamos la tarde con la rutina amable de los viernes por la noche.  Hacemos la cena juntos.  Mientras que me como la ensalada pienso en la sorpresa, le pregunto y él me dice que será el postre. Recogemos los platos y los pongo en el fregadero.   Él se acopla  a mi espalda, me besa el cuello, me dice algo al oído y me coge en brazos.  Lo miro con esa carita mía y él que me conoce bien me dice después de darme un beso en la boca:

- La sorpresa  es el postre del postre.

Hacemos el amor innovando, siempre nos la apañamos para hacer algo nuevo,  somos como trapecistas de circo en la pista central.  “Con todos ustedes,  Amor y cariño os harán su nuevo número de alto voltaje".   Si nos sale bien lo gozamos y si no nos reímos. Nunca fracasamos en la cosa de los placeres.
Para los interesados el viernes reímos en lo innovador pero  rescatamos los números ensayados y remontamos. 

- No te muevas. Vuelvo con el postre.  Me dice mientras pega un salto atlético  directo fuera de la habitación.

- Vale amor.   Yo le llamo amor. Siempre me pareció cursi y pasteloso pero a él le gusta.

Vuelve con un coulant de chocolate en una mano y una cucharita de postre en la otra.  Supongo que podía habérmelo dado antes del amor pero a él le gusta lo diferente, a mí también. Nos sentamos en la cama como si fuera la isla de nuestra habitación del amor y saboreo el mas delicioso de los coulant de chocolate del mundo después de haber intimado con el hombre al que amo y deseo. Introduzco la cucharita en el bizcocho y lo parto dejando chorrear el  chocolate líquido bañando todo el biscocho.

- ¿Te gusta?

- Si amor, me gusta todo.   Introduzco una porción en la cuchara y se la hago probar.

- Está bueno si, pero cómetelo tú cariño, quiero ver como te lo comes


Y ahí me quedo, desnuda comiendo coulant. La gente dice  que el chocolate es el sustitutivo del sexo.  Imagino que la gente que dice eso nunca se dejó arrastrar por esa pasión desenfrenada, porque joder no tiene nada que ver una cosa con otra, y os lo dice alguien que durante años fue una apasionada del chocolate.  Bueno y lo sigo siendo para que engañaros. Porque en esta vida no hay nada como el amor y el chocolate.



martes, 14 de noviembre de 2017

TrisTezas




¿Has estado triste alguna vez?

Entonces me podrás entender.  Llevaba varios días con esa tristeza dentro de mi, esa que se instala como una pequeña escama de pez y termina doliendo de esa forma tan punzante como serena.

Fue esa tristeza la que me hizo ir a él. La que me arrastró a un dormitorio conocido. Un dormitorio que no era  ni el suyo ni el mío sino esa habitación de motel que siempre compartíamos cuando queríamos tregua  e imparcialidad.

Siempre era la misma.  Las mismas vistas desde la ventana, los mismos cuadros y el mismo aroma al entrar. Cuando cerré la puerta de la habitación en un impulso mecánico como si no hubiera ninguna otra opción, me quité la ropa y me senté en ropa interior en la cama.

Él encendió la radio y se quitó la ropa. Deambulaba de un sitio a otro de la habitación desnudo y con esa tranquilidad que le caracteriza.  Yo le observaba.  Le observaba con mi tristeza, con ese peso  dentro de mí.  Y fue cuando me preguntó por pura caballerosidad si necesitaba algo cuando yo hice esa mueca; apreté los labios con pena, el nudo que llevaba días en la garganta se aflojó de golpe y las lágrimas brotaron.


Él se sorprendió ante mi reacción.  Se colocó a los pies  de la cama y me preguntó qué me pasaba, qué necesitaba.  Un abrazo -dije-.   Extendió su brazo, me levanté y me abrazó. No preguntó el porqué de las lágrimas, ni el motivo de mi tristeza.  Él no fue nunca de preguntas y me acostumbró a no contar.  Todo se queda en mí, él solo se queda a mi lado, quitándome las lágrimas con sus dedos o con sus besos.  Habitualmente aquella cama era cómplice de nuestros instintos pero en otras ocasiones solo era nuestro remanso de paz donde yacer desnudos y soltar los miedos, la angustia y la tristeza de una vida tan hermosa como... complicada.





sábado, 11 de noviembre de 2017

Cruces de caminos



Lo espero en casa,  tras las rejas de hierro forjado de los amplios ventanales.  Lo miro llegar, espero que se acerque.  Se queda  justo al otro lado de la reja.  Nos decimos hola,  se nos escapa una de nuestras sonrisas compartidas. "Parecemos  aquellos novios antiguos" -le digo- , Él se ríe y me dice alguna de sus cosas de chamán que conquista, me hace reír y nos damos un beso en los labios entre las rejas.

Me invita a café. Sentados en las sillas de la terraza de la cafetería rememoramos esos viejos sueños que se quedaron por el camino, reímos de las cosas que nos pasaron y nos contamos los nuevos acontecimientos, tan nuevos que aún no habíamos compartido.  No todo son risas y guiños a la vida. Resucitamos viejos fantasmas que están al acecho como el mejor depredador.  Apoyo mi mano en su rodilla.  Somos de puro presente, siempre lo fuimos.  Mi chamán tiene miedo a crecer,  a convertirse en una especia de hombre mayor con canas en la barba y frágil corazón. Quiere seguir siendo un potro salvaje, quiere tener a quien contarle sus cosas y con quien comer espaguetis. Quiere compartir la vida y las barbacoas de los domingos. Recordamos los hijos que no tuvimos y el tiempo que nos perdimos en laberintos propios y ajenos.
Me conmueve.  La vida   es compleja pero siempre es más fácil de lo que nos imaginamos a priori.   La vida a veces nos escupe a la cara pero cuando tienes donde cobijarte y unos brazos que te arropan, la vida deja de doler, saboreas las mieles y el mañana ya  no duele ni inquieta.
  
Voy al baño, tengo ganas de hacer pis.  Él se escurre y entra conmigo.  Se lava las manos mientras yo hago pis.  
Me abraza, me arrincona entre la pared y su cuerpo.  Me besa, le beso. Recuerdo su sabor.  Nos miramos, me toca como si fuera la primera vez que lo hiciera, se desata, se quita la ropa, se lo quita todo,  "Pero... espera, vamos a casa".  Y yo que conozco sus arrebatos exhibicionistas lo dejo desatarse.  Sus manos recorren mi cuerpo mientras nuestras bocas se beben.  Me mira calladito.  Soy como un pescadito que se ahoga, con la boca abierta buscando oxígeno con el corazón a pleno rendimiento.  Cierro los ojos sintiendo que el último aliento llega.  "Mírame” -susurra-.  Todo se para, nos perdemos, morimos y volvemos a la vida.  Resucitamos juntos en mitad de la ciudad.  Volvemos a casa.  Resucitados. Recordando cuantos cruces de caminos nos harán perdernos y cuantos más enconrtarnos de nuevo. La felicidad viene y se va.  Es difícil de atrapar. Solo sabemos donde estamos hoy y que todo nuestro amor está en nuestra mente.  Sé que ya tenemos nuestras canas, sé que a veces parecemos marchitos pero  el amor aún correteará salvaje por nuestras venas algún tiempo...  Cuando te quedas, cuando te vas, con soledad, en multitud,  cuando duermes, al despertar, lejos, cerca, allí, aquí, cuando me amas, cuando me pintas, en el pecado, en la bondad, cuando me cuidas, cuando me ignoras, cuando me quieres, te quiero.   Mañana, ayer, nunca... siempre.





viernes, 10 de noviembre de 2017

Desayuno especial con extras




Anoche nos quedamos dormidos enfadados. Hacía tiempo que no ocurría pero anoche nos liamos en esa espiral de...  tus cosas, las mías, lo que dije, lo que dijiste, y en fin... a la cama con mueca enfadada.  Me costó conciliar el sueño, derramé alguna lágrima silenciosa pensando  en que quizás seamos incompatibles y que tanta discusión sea la advertencia de que nuestra lucha por conservar la pasión terminará rendida y agotada cualquier tarde de estas. Sin embargo, hemos despertado, al parecer yo mucho después que tú, porque cuando he llegado a la cocina justo después de hacer pis, vestirme y hacer la cama, tú ya tenía un buen número de gofres preparados para el  desayuno.

Me he sentado frente al plato de gofres, he comenzado a comer cuando me has dicho eso de  "No me esperes, empieza a comer antes de que se enfríen demasiado".  No has tardado mucho en sentarte. Me has preguntado si me gustaban y yo he dicho que sí.  Te he preguntado si descansaste esta noche y  me has dicho que no mucho.  Hemos vuelto al silencio unos instantes, parece increíble como ante los enfados resulte tan fácil arroparte en silencios. 


Has vuelto a los gofres  "Están buenísimos con este sirope que compraste, y lo mejor es que este desayuno solo tiene 8000 calorías".  Entonces me has hecho sonreír. "Tendremos que hacer algún ejercicio extra para contrarrestar".  Entonces te he hecho sonreír.  “Se me ocurre un  par de ideas". “A mi un par de ideas con algunos extras".  Entonces reímos los dos.  “¿Crees que me dará tiempo de darme una ducha antes? " Conozco tus intenciones.  “No vas a llegar al pasillo nena".  Comentas de una forma tranquila mientras saboreas tus gofres.  Yo te acompaño con la misma tranquilidad.   Sabemos que a partir de ese desayuno especial con extras... todo irá a mejor.





martes, 7 de noviembre de 2017

Pasos





   Hoy me visualizo curiosamente a escasos dos metros de ti.  A un puñado de pasos tan solo.  ¿Me ves?  Hazte a la idea que me pongo en pie.   Te miro y te sonrío, miro al suelo y doy el primer paso.  Ese es el más complicado. Después van los otros.  Llego a ti y paro un segundo.  Un segundo que enlaza el último paso con ese abrazo que tanto te mereces.  Por haber estado ahí desde el primer momento, por creer en mi antes que yo misma,  con mis luces y  mis sombras. Porque nadie como tú sabe lo que costó  dar cada uno de ese puñado de pasos.