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miércoles, 21 de junio de 2017

Nuestra burbuja






¿Cuántas veces habéis pensado en el universo?  Yo muchas.  Desde bien pequeña he tenido la inquietud de qué hacemos aquí en este planeta tan solitario en un océano infinito con millones de planeta y estrellas, nunca entendí que algunos osen en pensar que somos los únicos seres racionales de ese infinito cósmico.

Yo nunca he pensado que el universo fuera infinito. Igualmente creo que nadie podrá saberlo nunca a ciencia cierta, pero el término infinito es demasiado incompleto, el océano Atlántico también debió ser infinito antes de que los Vikingos descubrieran lo que siglos después sería América.  Infinito debe ser la respuesta a lo que no se sabe explicar ni expresar con palabras, como el amor de una madre a su hijo.  Pero que, por muy grande que sea tiene que tener su principio y su final.

En los últimos tiempos, científicos  de estos que no descansan en la búsqueda de tantas preguntas han desglosado una nueva teoría; como toda teoría resulta fantástica y alocada, arriesgada  como cuando Copérnico y Galileo  dijeron que la tierra era redonda y nadie entendió porqué no nos caíamos al vacío.   Esta nueva idea se basa en “La teoría de las burbujas del universo”.

La idea de que estamos solos en este universo,  en este universo infinito tan dificil de entender e imaginar desde que estuvimos en el colegio, tiene diferentes interpretaciones, ya que poco sabemos de lo que está fuera de la Tierra. Y ¿si acaso este universo no fuera el único?

La nueva investigación da crédito a la idea de un multiverso. Esta teoría postula que cuando el universo creció de manera exponencial después del Big Bang, algunas partes del espacio-tiempo se expandieron más rápidamente que otras. Esto podría haber creado 'burbujas' de espacio-tiempo que luego se convirtieron en otros universos.  El universo conocido tiene sus propias leyes de la física, mientras que otros universos pueden tener leyes físicas diferentes, de acuerdo con el concepto de multiverso. 
Nuestro universo infinito sería una burbuja en un “mar espumoso” de universos burbuja. 

Universos burbuja.  La idea me parece grandiosa. Porque entonces nuestro universo infinito tan solo sería una burbuja más entre millones de burbujas.  Tendríamos principio, tendríamos final, pero  de poco serviría porque no podremos salir mucho más lejos de nuestro sistema solar.  Tan solo podremos llegar ahí a la esquina, y seguro que llegar al planeta rojo nos costará sangre, sudor y lágrimas. Porque toda colonización lleva su coste.

Siempre me ha dado vértigo pensar en todo este cosmos intergaláctico, donde de pronto me planteo que soy como una hormiga en su hormiguero. De pronto me doy cuenta que soy una mujer en su planeta.  De pronto me doy cuenta que todos vivimos en nuestra propia burbuja, nuestra casita con nuestras cosas para hacernos la vida cómoda y agradable, con sus pequeñas manías, sus dudas, sus miedos… Imagino que todos somos lo mismo y todos buscamos a esas personas que nos hacen sentir bien en nuestras propias burbujas.

Quizás solo sea una teoría para hacer nuestro frío infinito confortable, porque todo lo confortable es burbuja, antes de nacer, estamos en una burbuja  dentro del universo de nuestra madre, creadora de vida siempre. Cuando nos enfadamos con el mundo nos encerramos en nuestra propia burbuja protectora, incluso cuando encontramos el amor creamos esa burbuja encantadora en la que ese amor nos hace sentirnos volátiles e indestructibles al mismo tiempo.

Imagino que eso es lo mágico de esta teoría ya que no hay cosa que siendo tan frágil nos haga sentir mas seguros e indestructibles.



Así que llego a mi propia conclusión,  ¿Creéis  que hay una cosa más bonita  e inteligente en este mundo que encontrar a personas  con las que crear tu propia burbuja?




domingo, 18 de junio de 2017

Vecinos III


Cuando  abrí los ojos descubrí que estaba en una cama grande desconocida. Vi un móvil abandonado al otro lado de la  cama, lo cogí y miré  la hora; las 7:48 AM.

Me vi desnuda, el perfume  de las sábanas era agradable. Aún no tenía fuerzas suficientes para abrir demasiado los ojos, solo podía pestañear cada tanto. Entonces fue cuando vi entrar con total naturalidad a mi vecino, desnudo.  Cerré los ojos.  Me cobijé en las sábanas.   Me moví y él se dio cuenta. Se sentó al otro lado  de la cama, se recostó hacia mí y me dio un beso en la mejilla proponiéndome de una forma cariñosa  que podía quedarme en su cama todo el tiempo que quisiera.  Me ruboricé.  Acarició mi hombro y mi cintura, silueta de guitarra flamenca, pasó la mano por mi culo y sentí cierta presión en sus dedos. Me pellizcó con suavidad y desapareció del cuarto.

Yo intenté recordar.   Recordé su invitación a esa copa. Recordé haber entrado y haberme quitado los zapatos, sentarme en el sofá y estar bebiendo algunas horas.  Me agité entonces en la cama, me puse panza arriba con mis pezones mirando al techo.  Alain dejó de beber porque declaró estar demasiado borracho pero yo me animé con esa última copa.  Hablamos de nuestros amantes. Aquella conversación me gustaba, me divertía, porque Alaín resultaba ser uno de esos hombre que te hacen reír. Estar allí con él, que en el fondo no dejaba de ser un desconocido atractivo me gustaba y a ráfagas me excitaba.   El reloj marcaba horas de madrugada cuando me tumbé en el sofá y él  se sentó a mis pies.  Entonces no hablamos mucho.  Nos quedamos en silencio largo rato.  Me di cuenta de que su piso era  bonito, con flores en las mesas, fotos de amigos en las paredes y perfumes eléctricos con olor a jazmín.  Me dijo que no tenía novia, no le creí.  Tuvo el valor de preguntarme por qué lloraba aquella tarde, no me creyó, - hizo bien porque le mentí-.  Y en ese largo silencio, raro y excitante a partes iguales, tuve esa agradable sensación excitante de tener frente a mi algo que era tan nuevo como desconocido.  Él trajo patatas chip y se sentó en el suelo contándome una historieta de un amigo y su amante. No dudé ni por un momentos que ese "amigo" era él mismo. Me senté en el suelo frente a él sin pudor, me subí el vestido para estar más cómoda, creo que se me debían ver las bragas porque me miraba ahí abajo intermitentemente, en esos momentos me reía tanto que no me importaba, la carcajada que solté hizo que olvidara ese pensamiento rápidamente.  Me di cuenta que entre sus piernas todo parecía mas grande.  Descansé un momento de la carcajada. Y entonces me besó, o yo le besé, realmente no tengo claro ese momento.  Recuerdo el sabor de su boca, y sus manos subiéndome el vestido y las mías  bajando la cremallera del pantalón. Nos desnudamos despacito, con el deseo del sediento y la paciencia del que quiere disfrutar ese momento.   Volví a agitarme en la cama recordando, notaba que me excitaba al ir abriendome paso a los recuerdos,  separé mis piernas y subí mis brazos en la almohada totalmente relajada.   Recordé entonces que me cogió en brazos y me llevó hasta su  dormitorio. Me dejó  suavemente  en mitad de la cama, no dijo nada. El caso es que tenía pocos o ningún recuerdo de aquella cama.  Y aquello me desconcertaba. De qué había servido entregarse a un chico atractivo, un desconocido que me gustaba y descubría en esos momentos que me encendía si no podía recordar nada  de su noche compartida.



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