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viernes, 21 de julio de 2017

Largo día de verano





Hoy pienso en nosotros. En nuestro lago secreto donde soy ondina que juega enredando mi melena y mis piernas en el único hombre que ven mis ojos. En nuestro lago donde nos sentimos a salvo del mundo, donde solo estamos tú y yo.

Hoy pienso en nosotros.  Todo ha sido fácil y espontáneo, natural y sin saber  donde llegaban esas ganas que de pronto despertaban en forma de curiosidad y diversión.
Las mismas ganas, diversión y curiosidad que cuando éramos niños y pasábamos sólo un día en la playa, un día que había que apurar y disfrutar al máximo, donde conocías a algún  niño y le preguntabas  "Si quería ser tu amigo"   él decía que si, y durante ese día éramos los mejores amigos del mundo mundial, compartiendo juegos, risas, miedos, y algún secreto, olvidando que el día, en algún momento acabaría.

Hoy pienso en nosotros. Ya no somos niños ni nuestro tiempo es un día de playa, ni nuestros juegos son juegos de arena, conchas y olas.  La inocencia que aún queda en mí como pequeños residuos de oro y perlas ve al niño, al joven, al hombre que hay en tu mirada.  Y vivo contigo mi largo día de verano compartiendo todo eso que cada día vamos creando a poquito y ya olvidé quien hizo la pregunta, ¿Quieres ser mi amig@? ya olvidé quién respondió con ese si, olvidé nuestra primera conversación y esa primera mirada. 
Siento, eso sí con mucha fuerza, las ganas de querer  quedarme contigo a jugar, a reír, y compartir, como no,  algún secreto. 
Siento,  con la misma fuerza, ese pensamiento de estar con el mejor amigo del mundo mundial. 
Siento, dejándome llevar por una dulce locura, - con la inquietud de no saber donde nos llevará las aguas de la fortuna, ni  la borrachera de los besos que damos y de los que deseamos,  ni los dátiles del amor y  los placeres que nos estuvimos guardando -, que hoy más que nunca quiero vivir contigo nuestro largo día de verano. 






miércoles, 19 de julio de 2017

En mitad de ningún lugar




Ella estaba desnuda, cuando está con él la mayoría del tiempo prescinde  de la ropa, con él solo posee piel y corazón.   Lo miró como  rendida, con la necesidad que él la entendiera.  Ella era ingenua, aún no había descubierto que él ya la entendía desde hacía tiempo y con esa carita tan suya, la escuchó con parsimonia.


Yo no soy una mujer con suerte,  al menos  con esa suerte estándar  y de manual, que la sociedad marca como buena.
Yo no soy valiente, me aferro a mi zona de confort, donde me siento segura, fuerte y a salvo de cualquier infortunada sorpresa.
Sin embargo, considero que tengo una buena vida. Sin lujos, una vida cotidiana y domestica, familiar y de amigos; no demasiados, pero todos sabemos que los amigos que quedan a los 45 años son los de verdad. Soy positiva, risueña, tengo empatía con la gente,  debilidad por los casos perdidos, quizás demasiada, también tengo mi momento cascarrabias, cabezota y la sombra de la inseguridad  me sobrevuela alguna que otra vez.
Lloro con tanta facilidad como me río,  solo que no lloro más que cuando el agobio me supera.
No me gusta el dinero ni las cosas nuevas, ni las cosas caras, ni los lujos exagerados,  ni el tanto tienes tanto vales. Siempre fui rebelde.  Pasé una infancia enfadada casi todo el tiempo, y una adolescencia  estando en todos los fregaos.  En los asuntos del amor tengo mis historias, historias bonitas que guardo con delicadeza y una sonrisa.
Durante mucho tiempo me he sentido lejos, lejos de cualquier camino. Incluso ahora, siendo mujer adulta, en algunos momentos no sé hacia donde dirigir mis pasos. Y yo solo camino. 

En mi vida llena de cosas y de gente maravillosa con la que comparto risas y preocupaciones.  En mi vida llena de tiempo ocupado; "de esto, de lo otro, de aquí y allá", siempre sentía un hueco vacío, no era hambre, ni sed  ni frío.  Era un hueco que siempre  sentí  y con el que aprendí a vivir. 

Sé que las cosas, son solo cosas, que se gastan, se estropean y se cambian por otras nuevas. Que el mejor legado que puedes dar es tu forma de ser y tu corazón. Veo a ese niño que fuiste, al adolescente rebelde y entregado que  construyó su propio mundo. Veo el hombre que eres. Descubro en ti un hombre con magia. Un hombre lleno de imperfecciones perfectas. El que me hizo un poco suya y encajaste a la perfección, en ese hueco vacío, como pieza de puzzle.  Por eso deseo que la vida sea amable con nosotros, y que  hagamos por vivir una vida bonita, y  estemos siempre a gusto en nuestro mundo, en nuestra burbuja propia y compartida.  Siento que cuando me pasan cosas buenas siempre pienso en ti, y cuando estoy enfadada con la vida, también corro a decírtelo como la niña pequeña que busca consuelo. 
No es que te necesite en mi vida, pero sin ti (y por eso me gustas) soy como una niña que se queda sin el rato de recreo.  Eres el patio donde puedo ser yo en estado puro y hacer lo que quiera.   Imagino que sigo lejos de cualquier camino, pero hoy tengo todas esas cosas, cosas que no son cosas, que me encantan, que veo, que toco y me llenan... 


Con 20 años sentía un hueco vacío. No era hambre, ni sed,  ni frío.  Era un hueco que siempre  sentí  y con el que aprendí a vivir.  A los 40 años ocupas ese hueco, encajaste suave y sin darme cuenta.  Ese hueco era el tuyo y nadie podía ocuparlo. A penas soy consciente de estar aún en mitad de ningún lugar...  y ya no me importa demasiado...   


Él seguía plantando allí sin saber que decir ante ese momento donde ella había derramado casi todo lo que llevaba dentro.  No pudo decirle mucho. En ese momento, solo la abrazó.